domingo, 19 de septiembre de 2010

Cultura en Acapulco

En LA JORNADA GUERRERO se publicó la siguiente nota:
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La displicencia del puerto
Citlali Guerrero
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Hace cinco años Acapulco no figuraba en el mapa geográfico cultural nacional. Nadie en el ámbito artístico del país mencionaba este lugar como un sitio donde se estuviera haciendo algo por el arte y la cultura, a pesar de que por más de 18 años se realizó un encuentro de escritores; a pesar de que existían y siguen existiendo –pues son los mismos–, grupos de teatro escolares y universitarios, a pesar de su folclorismo dancístico.
Acapulco simple y sencillamente no existía en el ámbito cultural nacional, su función se reducía a ser sólo el lugar que escogían o escogen algunos escritores, pintores y actores para pasar un fin de semana de sol y playa.
En menos de cinco años, Acapulco pasó de no existir, a ser un referente cultural nacional. En la actualidad se habla de Acapulco en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), donde jamás en la historia de este puerto se le mencionaba entre los municipios culturales; se habla de los proyectos artísticos y culturales de Acapulco en Bellas Artes, se habla de Acapulco y sus festivales en el Festival Cervantino, los proyectos culturales de Acapulco son ejemplo para otros estados del Pacífico con los que se hace el Encuentro de Escritores del Pacífico. En concreto, Acapulco es hoy un referente cultural del Pacífico y del país y año con año va creciendo su espectro cultural y elevando su calidad artística, al menos en algunos eventos y en algunas disciplinas de arte.
Es gracias a los eventos de alta calidad que se empezaron a realizar en el puerto, que ahora se ubica perfectamente a los escritores guerrerenses, al teatro nuevo acapulqueño; y hasta ahí, porque no existen eventos de artes visuales, danza, o música que trascienda lo meramente local.
Aquí, en este rancho, donde el tuerto es el rey, se es feliz. Considero que este nivel se debe trascender, y ejemplos claros de que se está buscando que Acapulco deje de ser una isla son el Encuentro de Escritores del Pacífico, el Encuentro de Jóvenes Escritores y el Encuentro de Teatro Ola Nueva, son esfuerzos que se hacen desde el ámbito del gobierno municipal, pues uno lo organiza y a dos les otorga la mayor parte de los gastos generados.
Efectivamente, una tradición y los beneficios colectivos no nacen de la noche a la mañana, para que el Festival Cervantino alcanzara el reconocimiento que hoy tiene tuvieron que pasar varios años, pero con una pequeña diferencia: en Guanajuato todos los sectores creyeron en el proyecto. Cosa contraria pasa en Acapulco donde, por ejemplo, los escritores locales y la gente que se dedica a los asuntos culturales no asisten a los eventos por el simple hecho de “no hacerle el caldo gordo” a los organizadores.
Así a Ola Nueva no asisten todos los teatreros y vaya que les sería de mucha ayuda pues viene lo mejor de la dramaturgia joven de México; no lo hacen, simplemente porque no se les da su regalada gana asistir. Lo mismo pasa con los encuentros de escritores, brillan por su ausencia los escritores acapulqueños, aunque estén programados para lectura, simplemente no asisten.
Como decía en un artículo anterior: a los acapulqueños no les gusta la literatura. Las inercias que imperaron por años siguen vigentes. Aunque se está viviendo un proceso de cambio falta mucho para que se vea el resultado profundo de cambio. Este esfuerzo es de muchas personas y de varios ámbitos, pero si seguimos en la dinámica de no aplicarnos una autocrítica profunda en el ámbito cultural, seguiremos rumiando, atacando los proyectos ajenos a nosotros, escandalizándonos por tener presupuestos decorosos para eventos culturales, e impidiendo que gente de otros lados nos visite para intercambiar experiencias de arte.
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(Segunda parte)
Es necesaria una profunda profesionalización del quehacer artístico en el puerto y en Guerrero, pues tal parece que la inercia del ámbito donde no se exige nada a nadie es el más cómodo para todos los que de alguna u otra manera se dedican a los asuntos culturales.
Esta necesaria profesionalización pasa por mejorar y tener los espacios culturales adecuados para las actividades que se realizan, pasa necesariamente por la preocupación de nuestras autoridades de ofrecer las oportunidades para la profesionalización de las disciplinas artísticas, pasa necesariamente por la exigencia de criterios de calidad de los propios hacedores de arte.
En esta inercia de que nadie dice nada y acepta todo, vimos cómo los payasos pasaron a ser actores y nadie dijo nada; cómo integrantes de talleres de teatro escolares pasaron a primeros actores y nadie dijo nada; cómo muchachos que inician a pintar exponen sobre cartulinas en los espacios culturales del municipio sin ningún rigor, sin ningún criterio, menos curaduría y nadie dijo nada; vimos cómo incipientes actores pasaron a ser directores de teatro y nadie dijo nada; cómo esos directores pasaron a ser dramaturgos y nadie dice nada. Fueron escalando sin haber tomado siquiera un diplomado mínimo en sus áreas, mucho menos estudios universitarios o cursos en alguna escuela de arte de prestigio, nada, nadie dice nada.
Un ejemplo de esta inercia es el caso de Isabel Valdeolivar por el simple hecho de haber tenido una participación en una de las obras que se presentaron el año pasado en Ola Nueva, pasó a ser productora de teatro, directora escénica, y bueno, hasta dramaturga dice ser y nadie dice nada, pues la instituciones se lo creen, los teatreros callan y así todos son muy felices.
Este es el nivel artístico que permanece en Acapulco y todos parecen ser felices en ese estado de cosas; hay una inclinación y un regodeo insano en dar vueltas al mismo círculo de bajísima calidad, pero tal parece que la gente que se dedica a los asuntos culturales en el municipio es lo que defienden para que prevalezca, porque al fin al cabo mantener este nivel no cuesta dinero, no al menos cantidades más allá de 30 mil pesos para realizar “una buena actividad”.
Nos escandalizamos porque un evento tiene 450 mil pesos de presupuesto y no decimos nada cuando una fracción partidaria de la Cámara de Diputados se gasta 600 mil pesos en una cena de año nuevo.
Los presupuestos de cultura deben ir aumentando y los acapulqueños deberían de involucrarse más en el desarrollo cultural de su ciudad, sin importar el origen y/o los organizadores del evento. Es tiempo de cambiar esta inercia, exijamos la profesionalización de los espacios culturales que dependan del municipio y del estado, exijamos calidad en la producción artística y abandonemos la actitud displicente, la nula crítica de arte. Pensemos en grande la cultura y grande van a ser los resultados; lo contrario es seguir en la inercia de la medianía, en la defensa a ultranza de nuestro rancho, en la apatía por participar en las actividades artísticas. Sólo hay dos caminos: o miramos hacia adelante y empujamos esta carreta o seguimos estancados en este camino ya lodoso.
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