domingo, 10 de febrero de 2013

Acapulco, Acapulco...


Yo, ciudadano

Seis turistas españolas: comportamientos

Gustavo Martínez Castellanos

 

La violación que sufrieron seis turistas españolas en la inmediación entre Acapulco y la Costa Chica hizo aflorar algunos comportamientos locales que es imposible soslayar.

Acapulquismo exacerbado: La mayor parte de los funcionarios y turisteros que hicieron declaraciones al respecto no condenaron el acto barbárico perpetrado contra esos turistas sino el hecho de que la difusión de esa agresión lastimara la imagen de Acapulco. “Eso no les hubieran pasado si se hubieran hospedado en un hotel registrado”, y la declaración del alcalde, denotan que al gobierno no le importa tanto la persona humana como la rentabilidad de la parte correspondiente al balneario de toda la ciudad.

Cinismo: Ninguno culpó demasiado al clima de inseguridad que padecemos.

Alarmismo: En ese tono, en cambio, otros empresarios declararon a viva voz que la situación los estaba orillando a portar armas de fuero para su defensa personal.

Olvido: Muchos de los declarantes (funcionarios y turisteros) y muchos medios no fueron capaces de recordar cuánto han satanizado las alertas que las embajadas emiten a sus ciudadanos cuando vistan México, todas sobre la inseguridad en el país y en Guerrero.

Amiguismo: En Acapulco, la oferta extrahotelera es una realidad contundente, pero el gobierno no ha hecho nada por insertar ese sector a la férula de una reglamentación que pase también por la observación de los más elementales estamentos de seguridad.

Más olvido: nadie recordó ni se pronunció contra el hecho de que el gobierno municipal de Acapulco aún no cuente con un Director de Seguridad Pública. 

¿Y la inteligencia?: Gobernación municipal ¿no tiene la cartografía y el perfil de los grupos delictivos locales? Que aún no hayan atrapado a los violadores resulta altamente significativo. Una propuesta: que se le encargue a los grupos de autodefensa. Es en serio.

Racismo: Los violadores y asaltantes ya habían sido denunciados por otras víctimas de la misma zona desde noviembre pasado, pero como éstas eran nacionales no se hizo nada al respecto. En cambio, por las turistas españolas, se implementó un aparatoso despliegue que revivió retenes y cateos, aprehensiones al vapor e interrogatorios barbáricos.

Publicidad a toda costa: Hace unos días un funcionario municipal declaró en una charla: “a mí no me importa si el concierto de Plácido Domingo cumplió o no con sus expectativas de recaudar dinero para niños pobres; a mí, con que le haya hecho publicidad a Acapulco me basta y me sobra”. Esa mentalidad insulsa mostró hace una semana su rostro más macabro: la violación de seis mujeres de nacionalidad española le ha dado a Acapulco una publicidad mundial sin precedentes. Tal vez ese funcionario esté satisfecho.

Quienes no estamos satisfechos somos los vecinos de esta ciudad que vemos que esta administración tiene planeado dar soluciones turísticas a todos nuestros problemas, en concordancia con ese Acapulquismo ramplón que siempre pregona “no dar de patadas al pesebre”, “nunca hablar mal del camello” y, pase lo que pase, “hablar bien de Aca”.

Es tiempo de que el gobierno abandone esa política de avestruz y evite pensar únicamente en promocionar a la ciudad. Tiene que avocarse a su tarea de atender todas las áreas que la conforman para evitar hechos lamentables como el de las turistas españolas. Que Acapulco sea catalogado la segunda ciudad más violenta del mundo no es producto de la casualidad. Podríamos cambiar esa visión desterrando ciertos comportamientos.

Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com;

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