martes, 26 de febrero de 2013

Lila Downs en Iguala

Ejercicio de identidad de la cantante oaxaqueña en Iguala

Rinde Lila Downs tributo en la Feria de la Bandera a las mujeres de Guerrero

ARTURO DE DIOS PALMA ( Corresponsal)
Iguala, 25 de febrero. El domingo, Día de la Bandera, también fue día de tributo aquí. La cantante oaxaqueña Lila Downs rindió homenaje a las mujeres mexicanas, a las que hacen con el maíz el principal alimento de México: la tortilla.
El Teatro del Pueblo está casi lleno. Son las 8:55 y el silencio predomina en el escenario. Sobre él están los instrumentos listos de los seis músicos que acompañarán durante la siguiente hora con 15 minutos a la hija del estadunidense Allen Downs y de la mixteca Ana Sánchez.
La hora y 15 minutos fueron insuficientes, la gente, el público, quería más, más música y más despliegue de talento de la oaxaqueña.
En punto de las 9 de la noche, el anunciador lo suelta: Lila Downs al escenario. La mujer, que en su nombre tiene la doble nacionalidad, pero a quien lo mixteco le brota del cuerpo, sale ataviada con un vestido rosa mexicano, con bordados del mismo color característicos del traje de Acateca, ése que elaboran hombres y mujeres en la comunidad indígena de Acatlán, en Chilapa. La primera identificación de Lila y el pueblo de Guerrero.
Sin más, la cantautora canta Mezcalito. Se suelta el primer grito y el primer aplauso. Pero también es la segunda identificación de Lila con Guerrero: el mezcal, que es para cualquier guerrerense el antídoto perfecto para curar cualquier mal y hace más gozosos los festejos y los triunfos, aparece en el escenario de la Feria de la Bandera.
De entonces en adelante Lila Downs no para. Una tras otra, interpreta sus éxitos. Como a la cuarta canción comienzan a oírse los acordes de la Iguana, el son jarocho que la oaxaqueña ha hecho suyo y que el público también lo hizo suyo la noche del domingo. A Lila le festejan todo. Cuando se tira al suelo simulando los movimientos del animal le aplauden y la ovacionan, pero también cuando bracea y revolotea todo su cuerpo al ritmo del arpa que a un costado de ella vibra todas su cuerdas con gran intensidad.
Después del sobresalto que provocó La Iguana, vino La Cucaracha, esa canción de origen revolucionario, que habla de la corrupción y la forma descarada en que ejercen el poder los políticos mexicanos. Ahí en el recinto, hasta delante, en un lugar reservado, cercado, que se separa del resto, se encuentra parte de la clase política, de que desde mucho antes de la Revolución mantiene sus formas de ejercer el poder público.
“En la misa y en la feria / Todo el mundo ya lo sabe / Los que llegan al gobierno /Porque se puede comprar / Del partido comunista / Ya no queda casi nada / Ahora todos van buscando / Como hacerse millonadas”, suelta Lila Downs haciendo la seña con su mano de dinero.
Ya casi al final del concierto, Lila Downs cuenta lo que responde cuando en el extranjero le preguntan por lo que sucede en el país. “Cuando me preguntan por lo que pasa en el país, yo he decidido rendir un homenaje a la mujeres, pero a las mujeres que muelen el maíz, a esas que hacen tortillas. Porque en cualquier restaurante de lujo o en una fonda, se come tortilla”. Y el homenaje de Lila Downs cayó en tierra fértil: Guerrero, un estado donde la tortilla es uno de los principales alimentos, pero, sobre todo, porque aún, en las regiones indígenas, las mujeres muelen el maíz para hacerla.
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Consulta en:
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2013/02/26/index.php?section=sociedad&article=002n1soc