lunes, 18 de marzo de 2013

Sobre autodefensas


Yo, ciudadano
Autodefensas: cultura
Gustavo Martínez Castellanos

La semana anterior se dieron tres sucesos inéditos en México. El primero tiene que ver con el hecho de que el ejército mexicano haya detenido a un grupo de ciudadanos armados y finalmente lo haya dejado pasar. El segundo deviene del mismo hecho pero desde otra perspectiva: que un grupo de ciudadanos armados haya encarado al ejército dos veces para exigir su derecho a transitar libremente por la región y las dos veces haya hecho valer ese derecho. El tercer hecho tiene que ver con los dos anteriores: que por primera vez,  mexicanos armados, sin hacer caso a uniformes o a órdenes superiores, ideologías, creencias y visiones hayan entablado el diálogo y hayan salido de una coyuntura de crisis -que pudo derivar en el uso de la fuerza y en violencia- sin que nadie saliera lastimado. Todo esto ocurrió el miércoles 13, en Tixtla, Guerrero.
La explicación a este fenómeno la dio un día después el gobernador, pero del estado de Morelos, Graco Ramírez, al declarar que “las autodefensas son expresiones culturales”.  También dijo que eran político y “hasta criminales”, pero lo importante es que les haya dado la calidad de culturales que hasta ahora todo actor político regional les ha negado.
Reitero: son la expresión del universo que conforman como excluidos de la modernidad. Su identidad se cifra en el conglomerado y se centra en la existencia de éste en un sentido multidireccional: una de sus vertientes apunta hacia el hecho de que soldados, policías y “autodefensas” son parte del mismo pueblo. Otra vertiente señala hacia lo contradictorio del hecho de que se les respete en tanto expresión ciudadana pero se les denigre en cuanto deseen transitar libremente por sus regiones. Con ello, hacen que volteemos hacia la erección del “cuarto nivel del estado” que apunta hacia la conformación de Reservaciones –como en Estados Unidos- de las que no están autorizados a salir; aún cuando en México el mestizaje significó la fundación del país, y en donde desde el escudo nacional hasta la casi totalidad de nuestra toponimia tiene orígenes indígenas.
La movilidad cultural de las comunidades y poblados enriquece y dinamiza la vida de las ciudades. En Acapulco –por poner un ejemplo- revitaliza el tejido social desde sus raíces a través de tradiciones, costumbres y de la cosmovisión de cada expresión que pasa no sólo por lo intangible sino también, de forma poderosa, por la gastronomía, la herbolaria y el mestizaje. Mención aparte merecen las variadas lenguas que aquí se hablan.
La declaración de Graco Ramírez, en ese sentido, expone la tremenda complejidad del problema: las autodefensas nacen de la expresión más viva y sentida de nuestro ser regional; devienen de lo más intrincado del entramado del tejido social y de lo más íntimo y profundo de todos sus substratos.
¿Cuándo entenderán y atenderán eso los gobiernos, los medios y los grupos de poder en México? Reprimirlas por reprimirlas es cegar esas fuentes que dan sustento a las regiones que son todos los méxicos que existen y que en realidad somos. Su expresión, ya como ser cultural ya como voz de desacuerdo, es la voz de nuestra alma nacional.
Manuel Zepeda, director del IGC, me envió saludos a través de mi alumna Astrid Paola. Muchas gracias, en ésta le pido formalmente una entrevista. Espero que pueda dármela ya que desde el 28 de agosto de 2011  le pedí una a Everardo García Mondragón con el gobernador Ángel Aguirre y hasta ahora me han negado ese derecho. Lo espero.
Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com;
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