viernes, 3 de mayo de 2013

Reflexión sobre lo que pasa en Guerrero

Lecturas para maestros…

Humberto Santos Bautista
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En el marco del Día Internacional del Trabajo y de los próximos festejos de la batalla del 5 de Mayo y del Día del Maestro, los docentes de la CETEG harían bien en revisar los libros de Miguel de Unamuno, quien en uno de sus textos dice: “Hay que tener la sangre caliente / la cabeza fría / y la mano firme…” Es decir, lo que menos se pueden permitir en la lucha que libran en contra de la reforma educativa, es perder la cabeza y restar legitimidad a sus demandas. Los desafíos que plantea la globalización significan que la batalla también tendrá que darse en el campo de las ideas que, por ahora, está prácticamente abandonado: no se ha convocado a un debate público con relación a la reforma educativa. El asunto de la educación pública no sólo involucra al gobierno y a los maestros, sino a la sociedad en su conjunto, y ya es tiempo de que esa mayoría silenciosa se pronuncie por la defensa de los derechos de los niños y de los jóvenes, quienes son, al final de cuentas, los realmente afectados por cualquier reforma que se instrumente en educación. De esta forma, la sociedad –y los sujetos del proceso educativo–, tendrán que decidir si se sigue permitiendo que sólo el gobierno –sea federal o estatal– decidan los destinos de la educación del país, toda vez que muchas de las desventuras de nuestra educación se explican en decisiones irresponsables que han tenido efectos desastrosos en la vida de las escuelas. ¿Alguien se acuerda del despilfarro de más de seis millones de dólares de aquella edición de los libros de texto –que incluía una cartilla sobre moral y la polémica sobre los libros de historia por su versión del movimiento del 68– que fueron a parar al cesto de la basura? ¿Y el gasto inútil del programa Enciclomedia en tiempos de Fox?
Los maestros también podrían releer y compartir con el pueblo, el libro de Yves Roucaute y Denis Jeambar Elogio de la traición, sobre el arte de gobernar por medio de la negación (Gedisa, 2008), para poder asimilar y entender que no podían esperar otra cosa del gobierno y de los diputados guerrerenses con relación al proyecto de ley para reformar la educación en el estado. La lectura del texto mencionado les servirá para entender que los políticos son traidores por vocación y ambiciosos por naturaleza (lo cual no justifica las acciones en contra de los edificios de los partidos, porque finalmente eso no resuelve nada y lo terminamos pagando todos los ciudadanos), por lo que si a eso se agrega el analfabetismo contextual de la inefable e impresentable clase política de Guerrero, se comprenderá que la miseria –llamada con elegancia “pobreza extrema”– se explica porque han sido precisamente estos políticos rupestres los que han empobrecido al estado, debido a que sólo han tenido una sola prioridad: enriquecerse a la sombra del poder público. En ese sentido, habrá que repensar las formas en que se ejercita la democracia a la hora de elegir a los llamados “representantes populares”. ¿Por qué los diputados locales –exhibiendo su analfabetismo contextual– votaron una ley para reformar la educación, si no saben nada de educación ni de las peripecias del proceso educativo? ¿Por qué los “diputados plurinominales” que no representan a nadie –salvo a los intereses de sus partidos– se permitieron votar por una ley que va a afectar a millones de personas?
Por otra parte, el gobierno del estado tendrá también que explicarle al pueblo porqué se permitió tirar a la basura millones de pesos en eso que llamaron “Guerreros por la alfabetización” que no sirvió para nada –en donde por cierto, participaron distinguidos miembros de la CETEG, por lo que los maestros cetegistas tendrán que deslindarse de sus colegas que participaron en ese programa y legitimaron el despilfarro de recursos que son del pueblo que dicen defender.
En esa misma tesitura y considerando que los maestros se reivindican de izquierda, van a tener que revisar a Marx, sobre todo La crítica al programa de gotha, para encontrar que lo radical se define de manera muy precisa: “Ser radical es aferrar las cosas por la raíz, más para el hombre, la raíz es el hombre mismo”, es decir, lo “radical” no se contrapone con el sentido humanista que define a la educación, por lo que no se requiere del ejercicio de la violencia para ser radical. Gandhi también fue radical en sus acciones –su pacifismo fue mucho más subversivo–, y derrotó al imperio inglés que parecía invencible.
Por todo eso, tienen que revisar nuestra propia historia para encontrarse que en las grandes luchas que hicieron los liberales del siglo XIX y que nos dieron la patria que tenemos, primero definieron un proyecto propio de nación con ideas y el sur le aportó mucho a ese movimiento con el Plan de Ayutla que encabezó Juan Álvarez. En esa revisión de la historia se van a encontrar con Ignacio Manuel Altamirano, a quien se reconoce como el padre del normalismo y de la literatura nacional. En Altamirano se puede leer que la tarea de educar requiere de una alta investidura ética y moral y que no es una simple “chamba”, sino que exige una vocación ética.
Es decir, la historia nos enseña la necesidad de tener un proyecto educativo propio, porque tenemos reservas culturales para hacerlo y que no hay necesidad de hacer malas copias diseñadas por el capital transnacional y los organismos financieros internacionales como el FMI, BM, la OMC y la OCDE, cuyas recetas y recomendaciones no pasan por los congresos del estado ni del país y se imponen violando la soberanía nacional, la que se supone debieran defender nuestros diputados federales y locales.
Por otra parte, la actitud de los diputados federales y locales, al votar leyes por consigna, deja en claro la crisis de una partidocracia que perdió su identidad: ya no se sabe qué diferencia a la derecha, al centro o a la izquierda, y por ello, la izquierda y la derecha sólo tienen en común su falta de ideas y propuestas para los problemas emergentes de la gente. El Pacto por México es el reflejo de esa pérdida de identidad. Por todo ello, esta crisis debiera servir para convocar a un gran diálogo con el pueblo de Guerrero y construir un proyecto educativo propio que tenga como base la matriz cultural de los pueblos, y sobre esa base poder reconciliarnos todos, para trascender a una clase política mediocre, analfabeta y corrupta.
En esencia, los maestros tienen que encontrarse con el gran liberal del Siglo XIX, Melchor Ocampo, quién decía: “Es hablándonos y no matándonos, como habremos de entendernos”.

* Profesor investigador de la Unidad UPN-12A, de Chilpancingo.
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Consulta en:
http://suracapulco.mx/archivos/78683

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