miércoles, 11 de diciembre de 2013

Juan Alarcón Hernández: un gran ser humano


Juan Alarcón Hernández: un gran ser humano
José Gilberto Garza Grimaldo

 
Un abrazo a la familia Alarcón Hernández, a la familia de la Comisión de Derechos Humanos, a sus amigos.



Con el corazón triste por la noticia que recibí hace algunos minutos por el deceso de mi amigo Don Juan Alarcón Hernández, lo primero que se me viene a la mente es escribir.
Bajo de mi habitación a mi despacho, lo primero que recuerdo de mi primer encuentro con el ombudsman guerrerense, fue alrededor de hace 25 años atrás en que  participamos en un foro sobre propuestas de reforma de estado en nuestra entidad.
Me llamó la atención su cordialidad y  jovialidad. Recuerdo que propuso la creación de un Tribunal Constitucional-Administrativo. Al finalizar el foro me acerqué para felicitarlo por su interesante ponencia, fue reciproco y desde entonces, cuestiones académicas fue lo que permitió ir construyendo una amistad-amistad sin ningún interés malsano.
No recuerdo haberle dicho alguna vez que “no” cuando   me invitaba a participar en algún evento o línea de investigación. Lo pedía con tanta amabilidad, nos resaltaba los valores o virtudes, que según él, teníamos sus amigos
Cuando David Cienfuegos Salgado y yo, le presentamos el proyecto de investigación de  reforma integral a la Constitución local, lo abrazó e hizo suyo el proyecto.
Conocía perfectamente la endeble Constitución; fueron jornadas bastantes largas, solamente había un par de horas para comer. Ni el Dr. Manuel González Oropeza se salvó de las extenuantes jornadas de trabajo, su leal equipo, Hipólito Lugo y Ángel Miguel Sebastián, siempre estuvieron con él, con su jefe y amigo.
Fueron ellos los que me comunicaron su deceso, estaban y están inconsolables. Llamé a David Cienfuegos Salgado, me entendió que había renunciado el Lic. Alarcón. Cuando me pidió que repitiera lo que le había informado, exclamó: ¿Falleció?
Lo mismo expresé cuando recibí la noticia.
En las redes sociales la noticia corrió como pólvora, los sentimientos no se hicieron esperar, hay dolor en sus amigos.
Hace un par de semanas convocó a los integrantes del Consejo de Defensa de los Defensores de los Derechos Humanos, fue la última vez que lo vi; su carácter igual que hace casi treinta años en que lo conocí: jovial, sereno, prudente, respetuoso, hasta una ironía hizo sobre su situación de salud que nos provoco  risa.
Al terminar la reunión, sus colaboradores le tenían preparada un pequeño convivio por su onomástico.
Le agrado la sorpresa, en un instante, la sala de juntas se llenó de globos, estaba feliz, pasamos abrazarle, cuando le abracé, me dijo: Gilberto, siempre estaré eternamente agradecido por toda la ayuda que me diste.
Por un momento, me causó extrañeza esas palabras, la alegría de todos me hizo olvidar esa expresión.
Hoy que las recuerdo, se me inflama el corazón y las lágrimas me nublan mis ojos.
Don Juan, el agradecido soy yo. Gracias por su amistad, consejos, motivación y desprendimiento. Trataré de emular su gran humildad, esa virtud que hace a los seres humanos grandes.
Mi corazón está triste. Si, es uno de entre miles que lo están en todo Guerrero.
Sus amigos ya le extrañamos.

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