viernes, 20 de diciembre de 2013

Sobre Juan Alarcón Hernández

RAÚL SENDIC GARCÍA ESTRADA

El defensor del pueblo

Basta de ataques a la prensa, solidaridad con Javier Verdín
El “defensor del pueblo” es la persona encargada de garantizar los derechos de los habitantes ante abusos que puedan realizar los poderes políticos del Estado, con acciones de la razonabilidad o persuasión de sus argumentos, por lo cual, sus recomendaciones deben ser atendidas por el poder público.
La noche del 11 de diciembre murió don Juan Alarcón Hernández, el primer ombudsman del país, dejando un gran vacío entre quienes lo conocimos y le apreciamos como un gran amigo de carácter afable, de profunda formación humanista, bohemio, amante de la poesía, el canto y la actuación, siempre comprometido con las personas más humildes.
Don Juan fue un orador impecable e implacable, comprometido con la construcción de una nueva sociedad.
El día de su velada recibió la compañía y solidaridad de los hombres del poder público, de los integrantes de la Comisión de la Verdad, encargados de investigar La Guerra Sucia de los años 70, de los líderes sociales de la Asamblea Popular de los Pueblos de Guerrero, de los sobrevivientes de la generación de 1960 y defensores de los derechos humanos y de los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, quienes llegaron hasta la explanada de la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Guerrero, quienes le rindieron un homenaje.
Don Juan Alarcón respaldó a los estudiantes normalistas como víctimas de la represión durante el desalojo en el Palacio de Gobierno, el 11 de febrero de 1997, al igual que lo fueran el 14 de noviembre de 2007 en el Congreso local y el 12 de diciembre de 2011 en la autopista del Sol.
La mayor parte de sus 80 años de vida, las dedicó al movimiento social, al servicio público, a la poesía y a las letras.
Fue un tenaz dirigente estudiantil en el movimiento social de 1960, que culminó con una masacre de estudiantes y colonos en la Alameda “Granados Maldonado”, acciones de resistencia civil que dieron paso a la desaparición de los poderes locales, la caída del entonces gobernador, general Raúl Caballero Aburto y la transformación del Colegio del Estado a la fundación de la Universidad Autónoma de Guerrero.
Desde 1990 se desempeñó como presidente de la Primera Comisión de Derechos Humanos de México, en cumplimiento de la labor conferida por la Ley, vivió momentos críticos; en el año de 1995, mantuvo fuertes fricciones con el entonces gobernador Rubén Figueroa, tras la masacre de 17 campesinos en el poblado de Aguas Blancas.
De 2005 a 2011 enfrentó la embestida gubernamental estatal cuando se intentó por muchos medios retirarlo del cargo, faltando al status que le fue conferido de inamovilidad para garantizar la imparcialidad y el compromiso del “Defensor del Pueblo”. Fue un crítico de la guerra contra el narcotráfico por las graves violaciones a los derechos humanos cometidos por la autoridad, principalmente en la sierra de nuestro estado.
Don Juan Alarcón Hernández tuvo una intervención importante para que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos investigara la masacre de estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa; fue solidario en todo momento con los familiares de las víctimas en su reclamo de justicia, además durante el proceso de la reparación del daño a las víctimas y el día de la agresión, puso su humanidad en medio de represores y reprimidos.
El 27 de octubre recibió el bien merecido Premio al Mérito Civil en Derechos Humanos. El 23 de noviembre, durante una reunión con sobrevivientes a la generación que dio vida al Movimiento Popular de 1960, se dijo orgulloso de que ninguno de ellos se enriqueció jamás al amparo del poder público.
Don Juan dedicó la mayor parte de su vida a la lucha social y a la defensa de los derechos humanos. Históricamente es de saberse que sufrió la persecución por parte del estado, al igual que los luchadores sociales de esta generación memorable, manifestándose siempre por respeto a la dignidad del ser humano, pugnando por el desarrollo pleno de una nueva sociedad.
Tomó la defensa jurídica de varios combatientes guerrilleros y en un momento a principios de la década de 1970 rescató a varias jóvenes estudiantes que fueron heridas durante la toma de rectoría por grupos porriles y policiacos.
La partida a la eternidad del primer ombudsman guerrerense, deja una gran pérdida en materia de defensa de los derechos humanos, de carácter tolerante, plural y firme, comprometido con las víctimas del abuso del poder, incluso desde muchos años antes de ser ombudsman.
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