viernes, 31 de enero de 2014

Acuérdate de Acapulco

ISRAEL GALÁN BAÑOS

Acuérdate de Acapulco

Acapulco es un lugar histórico. Aquí atracaba la Nao de China, que en realidad venía de Filipinas, con sedas, porcelanas y demás artículos de lujo para consumo de la aristocracia novohispana. Aquí recalaban los barcos que procedían de Sudamérica para reabastecerse, por lo mismo aquí bajaban marinos y mineros pues la travesía hasta San Francisco, California duraba seis meses. Así lo narra la escritora chilena Isabel Allende en su novela La Diosa de la Fortuna. Por aquí y por el Puerto de Minizo, en Oaxaca, entró la “chilena”, nos dice el etnomusicólogo de la UNAM, Carlos Ruiz Rodríguez. Los antecedentes de Acapulco son históricos, son lejanos.
Cuando los japoneses bombardearon Pearl Harbor en Hawai, el gobierno norteamericano buscó un lugar seguro y tranquilo para descansar sus tropas que participaron en la Guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial. Así empieza la época dorada de Acapulco en el sexenio de Miguel Alemán, con grandes inversiones en hotelería, el aeropuerto del Plan de los Amates, en infraestructura y servicios, para aprovechar este paraíso natural, con María Bonita y el Flaco Agustín Lara, con el Hotel El Mirador y los clavadistas de La Quebrada.
Pero vale la pena preguntarse cuánto debe Acapulco a los trabajadores provenientes de la Costa Chica de Guerrero y de Oaxaca, la mayoría afromexicanos, que construyeron las enormes edificaciones y las numerosas obras que lo convirtieron en un centro turístico de nivel mundial. Esta emigración campesina se agudizó con la crisis de la agricultura, profundizada a partir de 1965. Basta recordar las protestas de los copreros en 1967 en Acapulco, sofocadas a sangre y fuego, antes que atender sus reclamos por el gobierno de entonces.
El gobierno de José Francisco Ruiz Massieu convierte a Acapulco en un destino de fin de semana al construir la autopista desde Cuernavaca, para acortar el tiempo y atraer a los millones de habitantes de la zona central de México a sus playas, así crece el turismo, la ocupación hotelera y se expanden los servicios disponibles.
Pero hoy se trata de prolongar esa experiencia hacia la costa chica de Guerrero y Oaxaca donde existen bellezas naturales para el disfrute de los visitantes que lo deseen. Tal es el caso de Playa Ventura en Copala; las playas de Marquelia; de la hermosa bahía de Punta Maldonado (antigua ruta marítima que conectaba con Acapulco); y el Museo Cultural de la Tercera Raíz, dedicado a los afromexicanos en Cuajinicuilapa, en Guerrero; del pueblo negro de Collantes, las playas de Corralero y Minizo en Pinotepa Nacional; de la playa Callejón de Rómulo, en Santo Domingo Armenta (que conserva los restos del buque norteamericano hundido el 14 de enero de 1941); del Parque Nacional Lagunas de Chacagüa, bello remanso natural, asiento de aves migratorias y el Museo del último Reino Mixteco de la Costa Yuku Saá, de Tututepec; de la Laguna de Manialtepec; de Puerto Escondido y las 7 bahías de Huatulco, entre ellas La Entrega llamada así por la traición de Picaluga que entrega aquí a Vicente Guerrero, todo ello en Oaxaca.
Para mayor vivencia de estas experiencias es necesario aumentar la conectividad creando rutas aéreas regionales que enlacen estos destinos (en Pinotepa existe una aeropista útil pero sin usar), por ejemplo con Oaxaca, centro arqueológico de nivel mundial y capital cultural del Sureste mexicano, con Acapulco, pasando por los lugares de la Costa Chica mencionados. Esto lo puede hacer Interjet, con los 25 nuevos aviones ruso-franceses e italianos, Suhkhoi-25, recién adquiridos, y que la propia aerolínea declaró son propios para rutas regionales como las aquí descritas.
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Consulta en:
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2014/01/17/index.php?section=opinion&article=002a1soc

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