viernes, 31 de enero de 2014

Festividades en Los Huajes, Acapulco

La alegría se entremezcla con la tristeza por familiares que se encuentran en Estados Unidos

Los Huajes se viste de gala para festejar a la virgen de Genoveva

HÉCTOR BRISEÑO
Como cada año desde hace un siglo a principios de enero, el poblado de Los Huajes, municipio de Acapulco, celebra a la virgen de Genoveva con música de viento, bailables populares, tamales, quema del torito y en las últimas décadas, una feria de juegos electromecánicos cuya distribución abarca la estrecha calle principal de la comunidad.
Los que asisten al festejo se han acostumbrado a la tristeza y a esperar en el transcurso de los años, pues al igual que el poblado de Dos Arroyos, en Los Huajes las familias preparan a los jóvenes desde pequeños para vivir como migrantes en Estados Unidos para que los parientes que se quedan, principalmente mujeres, puedan salir adelante en un sector importante de la zona rural de Acapulco, a 40 kilómetros del puerto, cuyas viviendas en muchos casos aún son de adobe, madera y teja.
Para los que se quedan, las cosechas de autoconsumo son apenas una opción debido a la falta de infraestructura.
Las remesas se han convertido en el pilar de la economía.
El presidente del club de migrantes de Dos Arroyos, Edilderto Ceballos Carbajal, estimó que actualmente hay unos 5 mil personas de pueblos de la denominada ruta del sol de la zona rural de Acapulco, diseminados en Estados Unidos, principalmente California, Phoenix, Nevada y Nueva York, quienes se desempeñan en puestos de mano de obra, pega de azulejos y ensamblados.
Ceballos Carbajal confesó que “uno allá tiene que llorar y aguantarse, comerse sus lágrimas”.
Recordó que el paso por la frontera a través de Sonora es lo más difícil que ha vivido, pues tuvo que comer plantas, animales y hasta orines de vaca para sobrevivir.
Señaló que hace 11 años viajó a Escondido, California, debido a la crisis del campo en México, donde permaneció cuatro años, antes de regresar definitivamente a su pueblo, para preparar a dos de sus hijos para dejar su tierra y adentrarse en un país desconocido, Omar y Edilberto, actualmente de 30 y 26.
“Hace como seis años que no los vemos, se siente feo, es para llorar”, comenta su madre, Tomasa Hernández.
“Se va un pedazo de corazón con tus hijos, es una tradición de años”, mencionó Pablo Loeza Parra, de Los Huajes, quien hace 10 años no ve a su hijo, aunque “hablamos por teléfono diario”.
Relató que “los que creemos en los santos les pedimos que vengan con vida y salud, les prendemos velas para que allá nos ilumine a nuestra gente”.
Para Julián Blanco, opositor a la presa La Parota, habitante de Los Huajes, la migración separa a las familias y termina con las tradiciones, “pues los que se van ya no se acuerdan de lo que vivieron aquí, se acaban las costumbres, le pierden el amor a la tradición”.
El festejo de la virgen Genoveva concluirá el próximo fin de semana, aunque las familias que habitan en Los Huajes y Dos Arroyos, continuarán extrañando a sus hijos, que en esta ocasión enviarán dólares para los Reyes Magos.
.
Consulta en:

No hay comentarios: