viernes, 31 de enero de 2014

Sobre Acapulco

Acapulco, hoy
Gustavo Martínez Castellanos
 
     La temporada vacacional de diciembre mostró un rostro distinto de Acapulco con referencia a sí mismo en su devenir histórico y con referencia al de otros centros de diversión del país.
     Con referencia a su devenir histórico, Acapulco este fin de año fue el lugar en el que medio millón de mexicanos –según las cifras oficiales - vinieron a gastar por última vez sus ahorros o sus aguinaldos antes de la reforma hacendaria.
     En ese sentido desde 1993 que con el gobierno de Salinas de Gortari la moneda mexicana perdió en su nominación tres ceros debido al mil por ciento de depreciación con referencia al dólar, esta es la primera vez que un cambio tan drástico debido a una propuesta presidencia se vive en México.
Acapulco, -al menos para ese medio millón de mexicanos- fue un distractor.
     Esto se tiene que ver forzosamente con otro aspecto de la naturaleza de Acapulco: ese distractor este fin de año incluyó globos gigantes, popularización de espectáculos –en Mundo Imperial el ingreso a ver a artistas como Emmanuel “cayó” hasta 150 pesos, incluidos los juegos y la estancia en las instalaciones por más de ocho horas- y más tiempo en juegos pirotécnicos.
     Pero no sólo eso; la Autopista del sol –una de las más caras del planeta- en este fin de año fue gratuita.
     Todos estos implementos no se habían dado juntos nunca antes en Acapulco, ni después de Paulina ni de Manuel e Ingrid.
     Esta bizarra “popularización” de Acapulco, tiene concomitancias que no han sido apreciadas en su dimensión –ni desde sus orígenes ni hacia sus objetivos y consecuencias- porque la discusión en torno a las reformas aprobadas por el congreso unos días antes del fin de año administrativamente no ha dado espacio para apreciar en su justa dimensión el cambio que han sufrido y están sufriendo la ciudad, su entorno y su gente. Entre esos denominadores la visión de los acapulqueños con referencia a sí mismos y hacia su propia ciudad…
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