jueves, 30 de enero de 2014

Sobre autodefensas...

Las Autodefensas
Fernando Pineda Ménez
Más que dicho. Es archisabido por todos, salvo  por algunos que andan todavía por ahí trasnochados, que el pueblo tiene todo el derecho a defenderse. Está escrito en la Constitución y en el más elemental de los sentidos comunes. Patrimonio, vida, familia, dignidad, honra.  Asuntos  esenciales en el comportamiento humano al relacionarse con la sociedad que le rodea. Cuestiones que provocan reacciones airadas, justificadas máxime si por algún motivo  alguien  considera que están en peligro.
Afortunadamente las sociedades del siglo XXI ya han evolucionado de aquellas de la ley del más fuerte o  las de “el Estado soy yo” y “la ley es mi voluntad” de los señores de horca y cuchillo que medraban hace no mucho entre nosotros. Hoy, admitamos,  son otras formas de demostrarnos que todavía nos hace falta mucho para encontrar la justicia, igualdad social, económica. La terrible desigualdad de la que nos hablaba el Barón Von Humboldt hace más de ciento cincuenta años no se ha podido superar por más que se dice, planea, proyecta, y se jura.
Ahí está la reciente cumbre de Davos, en Europa, donde las mujeres y los hombres más poderosos del mundo discutieron e hicieron  buenos propósitos, firmaron grandes llamamientos y  proyectos para, por enésima vez, erradicar la miseria y paliar un poco la desigualdad cuando la realidad, terca como una mula, nos arroja cifras y datos espeluznantes. Somos un poco más de 7 mil millones de seres humanos y de esos el uno por ciento, sólo el uno por ciento, los más ricos, controlan fortunas que corresponden al  sesenta y cinco  por ciento del ingreso de la población mundial.
Ya sabemos lo que produce la miseria: siempre más miseria. Miseria intelectual, cultural, económica, miseria humana. Hambre y desesperación, un binomio que orilla a muchísimos  por los caminos erróneos  de la violencia y la ilegalidad.  Teóricamente el Estado Moderno se construyó sobre el acuerdo social que le confería el monopolio de la violencia para defender a todos de los violentos. Pero es evidente que el Estado Mexicano está  lejos de poder hacerlo. Está rebasado por las circunstancias. No puede sólo y la población ha recurrido ya, en Guerrero, desde hace años a la autodefensa. No es un fenómeno novedoso lo que sí llama la atención es el número de poblaciones que están recurriendo a esas medidas desesperadas.
Los grupos de autodefensa han sido objeto de mucha polémica. Hay desconfianza, resquemores. Y no podía ser de otra manera en cuanto el clima de inseguridad que vivimos y la presencia del crimen organizado. Se dice, y puede haber casos, de penetración por el hampa que eventualmente los usaría para encubrir sus actividades. Puede ser, pero en el fondo de su proliferación está la ineficacia del Estado.
Más lo peor, a mi juicio: no había una política estatal hacia ese fenómeno. Al principio se les soslayó, luego se les alentó, después se les criticó y buscó su desaparición para llegar hasta ahora ,  afortunadamente, cuando al parecer ya se tiene una política al respecto:  el  darle cierta normatividad. Es decir, que estos grupos se sometan al Estado de Derecho. Registren a sus componentes, acepten un cierto control  de las armas que poseen y se asimilen a las policías rurales o milicias populares. Es bueno para todos. Una solución que le da cierta tranquilidad a la población y puede servir en el combate al crimen y uniforma así la actitud que deben tener todas las autoridades sobre ese asunto. No se suscitarían tristes y lamentables sucesos donde pierde la vida una joven señora: la nuera del amigo Pioquinto, político y empresario chilpancingueño  a quien enviamos desde aquí nuestras condolencias.
¿Será que también en Guerrero, como ocurrió ya en Michoacán, requerimos de un Delegado Plenipotenciario para tratar esos asuntos? Tal pareciera.  Pregunto.

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