lunes, 3 de febrero de 2014

El siguiente Michoacán está en Guerrero

* El siguiente Michoacán está aquí
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Tomás Tenorio Galindo
El viernes pasado el diario El Universal solicitó al gobernador Ángel Aguirre Rivero “humildad” para reconocer que no puede con el problema de la inseguridad que desguaza al estado y ceder al gobierno federal el control de la estrategia contra el crimen organizado. A propósito del atentado contra el empresario Pioquinto Damián Huato, en el editorial de ese día –el artículo que refleja la opinión del medio–, el periódico recuerda que Guerrero es el estado con el mayor número de homicidios y el segundo en el número de secuestros, sin que se avizore una solución al derramamiento de sangre.
Con el admonitorio título “Guerrero es el siguiente”, la publicación advierte que el estado “lo tiene todo para convertirse en el nuevo foco de atención de México: ocupa el primer lugar en homicidios dolosos y el segundo en secuestros en el país”. Agrega que “si el gobierno de la entidad considera que tiene en sus manos la respuesta al problema lo ideal sería que presentara un plan de acción concreto, con puntos específicos a cumplir y plazos determinados. Y si no es capaz el estado de cumplir con lo prometido, entonces, en un acto de humildad, tendrá que reconocerlo y pedir asistencia”, pues “Guerrero es caldo de cultivo de ingobernabilidad”. Pero le pidió peras al olmo, pues la humildad es una de las virtudes por las que no se distingue Aguirre, una de muchas.
No puede ser casualidad ni simple coincidencia que un diario con el peso de El Universal se haya ocupado de la violencia en Guerrero y publicado ese mensaje justamente el día en que estaba programada la visita del comisionado nacional de seguridad, Manuel Mondragón y Kalb. Además, ese periódico no es el único que clama en la ciudad de México por la intervención abierta del gobierno federal en Guerrero como lo hizo en Michoacán para combatir la violencia.
El fallido atentado contra Damián Huato en Chilpancingo modificó la percepción que existía en los medios de información del centro del país, que sin olvidar las cifras que colocan al estado como el más violento, sin embargo habían mantenido cierta benevolencia hacia el gobierno de Aguirre. Esa indulgencia parece llegar a su fin, alterada por el canallesco ataque contra un líder crítico del gobernador.
En el propio gobierno federal pareciera crecer la convicción de que el gobierno de Aguirre está irremediablemente derrotado por la violencia, y de que en algún momento se verá precisado a enviar a un comisionado para que se haga cargo de la seguridad, como sucedió en Michoacán y como ha solicitado públicamente Damián Huato. La visita de Mondragón y Kalb el viernes pasado anticipa que muy pronto podría darse esa decisión, pues apenas pudieron ser disimuladas las demoledoras implicaciones de su presencia en el estado. Se optó para ello por hacer que el gobierno del estado y no el funcionario federal informara sobre el contenido de la reunión que sostuvo con el gobernador, empresarios y el alcalde de Chilpancingo para examinar la escalada de inseguridad que aterroriza a la capital del estado. Pero sin duda el comisionado nacional de seguridad pública vino a Guerrero a construir el andamio para que el gobierno federal se haga cargo, al menos y quizás en una primera etapa de Chilpancingo, lo que provocará el lógico y vergonzoso desplazamiento de las autoridades estatales y municipales. Las “acciones drásticas” que de acuerdo con el nuevo plan anticrimen se pondrán en marcha en Chilpancingo, significarán también un drástico empujón al gobierno de Aguirre, y si de veras son drásticas van a borrar de la escena pública al de por sí inepto gobierno municipal de Mario Moreno Arcos.
La creciente percepción de que Guerrero es el siguiente Michoacán ha puesto en alerta al PRD, el partido al que en la formalidad pertenece Aguirre. En la reunión que los diputados federales de ese partido realizaron la semana pasada en Acapulco ofrecieron a Aguirre su respaldo y su “solidaridad”, como si el gobernador fuera la víctima de la violencia y no la sociedad, y subrayaron que aquí no hay ingobernabilidad como en Michoacán. Y el sábado, el coordinador de los diputados perredistas reafirmó en la Cámara de Diputados el mensaje de que  Guerrero no sufre las penurias de Michoacán y por lo tanto no es necesario el envío de un comisionado federal. Lo cual sugiere que los planes del gobierno federal para imponerse al gobierno de Aguirre están más avanzados de lo que la información pública permite saber. La creación de una corriente de opinión mediática favorable a la presencia federal absoluta en el estado es, sin duda, parte de ese proyecto, por otra parte imposible de desvincular de las elecciones del próximo año para renovar la gubernatura, que el PRI se propone recuperar y que lograría su propósito si la intervención federal en efecto reduce el número de muertos y los episodios de violencia.
Pero que la estrategia federal alcance ese objetivo y devuelva la tranquilidad a Chilpancingo, y con ello la esperanza al resto del estado, es realmente incierto. En Acapulco, donde Manuel Mondragón impuso al secretario de Seguridad Pública municipal y mantiene visible influencia desde hace tres meses, no ha podido frenar la violencia, ya no digamos en regiones como la zona Norte y la Tierra Caliente, que aún no caen directamente en su esfera. De manera que no existen motivos para creer que ahora sí bajo el control de Manuel Mondragón acabará la crisis de inseguridad en Chilpancingo. Ni en el estado. Pues sí, Guerrero no es Michoacán: aquí está peor.
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Consulta en:
http://suracapulco.mx/archivos/129925

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