domingo, 2 de febrero de 2014

Indigenismo y economía en Acapulco

ÉDGAR PÉREZ PINEDA

Indigenismo y economía hip-hop en Acapulco

El sistema economicopredatorio que cunde hace de los desharrapados inadvertidas escenas de insólito cotidiano. En el semáforo de la avenida Costera, ante el Parque Papagayo puede verse entre los jóvenes que danzanbreakdance en cada luz roja para ganarse unas monedas, a un menor de evidente extracción campesina, quien ejecuta los giros y torcimientos propios de ese estilo de baile callejero con huaraches y los fondos de su pantalón bien remangados.
En el puerto es común que la gente de extracto rural venda su trabajo manual o mendigue; pero no que se le vea ejecutar el Top Rocking, o juego de combinaciones con las piernas, el ritmo base de este estilo, expedito para ganarse unas monedas. ¿Qué clase de relación indirecta representa, hablando en sentido idiosincrático, el súper estilizado y urbanizado “nigga” (negro con cadena de oro alrededor del cuello) que palpita y vindica su presencia social con dinero, versos y beat electrónicos, y la necesidad apabullante y atávica de conseguir “para un taco”, de este personaje rulfiano anónimo en su relego histórico? Hay algo nada lineal en esta correspondencia fenomenológica. ¿En qué momento la penuria llega a obligar al indígena a estos complejos despliegues estéticos, de los que seguramente ignora cómo asimilarlo? Se deduce un razonamiento facilista, que si esos muchachos ganan dinero moviéndose así, entonces hay que imitarlos; qué más da no comprender ápice cuando se tiene hambre. Pero aquí hay una controversia natural porque la serena y profunda reserva del indio no puede volcarse al vértigo de un híper flujo urbano. ¿A qué hora las cosas alcanzaron semejante hibridación, en qué momento el indio se encontróacotado a una transmigración cultural de semejante calado, obligado a ingresar a una retórica del “remix”, como recurso para continuar sobreviviendo un día más a la pandemia global que lo sacrifica con todo y suvalorancestro?
Cabe conceptualizar estas mutaciones culturales como objeto de ciencias que estudian lo que ellas mismas crean, en este caso, unasuerte de teratología estética del capitalismo, experimento de la miseria in vitro, del Estado ejercido a modo patrimonial, y una poshumanidad toda sacada de onda. “La ciencia se pregunta cómo puede emerger otra realidad”. Este caso que se comenta contribuye a una respuesta descriptiva. “¿Qué tiene de malo optar por el breakdance para llevarse unos centavos a la bolsa?”, habrá considerado este personaje, claro, por necesidad, pues así lo denuncia su torpeza al ejecutar el Footwork, o los pases que constituyen la fase de girar velozmente en el suelo, delatado por la incertidumbre de su expresión, el miedo a arrojarse, la inconsistencia de cuando no se tiene certeza de lo que se hace. Puede pensarse en contraste que un niño playero que “mueve la panza” ofrece al menos un valor autóctono, pintoresquísimo, pero propio, lo que conlleva cierto aire de familiaridad y de pertenencia, la calidez que convence al público de soltar una monedita.
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