domingo, 22 de junio de 2014

Testimonio ante Comverdad

Antropólogos de la Unam y la CDHDF logran la recuperación del cráneo, fémur y coxis

Hallan restos de guerrillero abatido hace 40 años por el Ejército en Atoyac

Desde el sábado comenzó la búsqueda de los cuerpos inhumados el mismo día que rescataron a Rubén
Figueroa
Los restos fueron desentarrados en el Posquelite, informa Fuentes García de la Comverdad
ROBERTO RAMÍREZ BRAVO
Posquelite, 15 de junio.
Antropólogos de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) desenterraron, a petición y bajo resguardo de la Comisión de la Verdad de Guerrero, los restos de un guerrillero abatido hace 40 años por el Ejército, e inhumado clandestinamente en un cerro de esta población, el mismo día en que fue rescatado el entonces senador Rubén Figueroa Figueroa de manos de la guerrilla de Lucio Cabañas.
La diligencia, que comenzó el sábado y continuaba el domingo, había logrado la recuperación de un cráneo, un fémur, el coxis y un hueso de la mano, así como cuatro monedas, de las cuales al menos había sido acuñada en 1971, restos de tela y una treintena de indicios.
Los comisionados Nicomedes Fuentes García y María del Pilar Noriega García, que encabezaron la diligencia, relataron que ésta se llevó a cabo sin personal de la Procuraduría de Justicia de la entidad, aunque en coordinación con la dependencia, porque al principio no sabían si encontrarían los restos. Después, al conocerse el hallazgo, la Procuraduría determinó que los comisarios del poblado se constituyeran en auxiliares del ministerio público, pues legalmente están facultados para ello.
Posquelite se encuentra en la sierra media del municipio de Atoyac, y toda esa zona fue considerada territorio de influencia de la guerrilla de Lucio Cabañas Barrientos.
El 8 de septiembre de 1974, en el poblado La Pascua, distante unos cuatro kilómetros de Posquelite, en el municipio de Atoyac, fue liberado por la mañana Figueroa Figueroa. Por la tarde, según testimonio de habitantes, ocurrió un enfrentamiento entre dos guerrilleros que al parecer provenían de La Pascua, y el Ejército. Los milicianos, después de enfrentarse durante toda la tarde, cayeron abatidos en el punto conocido como Cerro de las Clavellinas, ubicado junto al poblado.
Al día siguiente, el comisario de entonces y otros pobladores, pidieron a los militares autorización para sepultar los cuerpos por temor a una epidemia. Los militares no querían, pero al final aceptaron con la condición de que se hiciera ahí mismo y solamente arrojándolos a una fosa que los campesinos abrieron, sin señal alguna.
Después de 40 años, cuando la historia de esos cuerpos ya se consideraba como una leyenda, pues los lugareños habían perdido la noción del lugar, y la mayor parte de los testigos había fallecido, el sábado a la 1:16 de la tarde fue localizado un hueso metacarpiano, del dorso de la mano, y a las 4 en punto, un cráneo, como primeros indicios. El domingo en la mañana fueron localizados el coxis y el fémur y las monedas, mientras la excavación continuaba.
Hasta siempre, comandante
La diligencia comenzó alrededor de las 10 de la mañana del sábado. Los antropólogos Daniel Velasco y Sergio Rivera, de la Comisión de Derechos Humanos del DF e Inés Vázquez Díaz, de la Unam, comenzaron por ubicar el sitio tentativo donde podrían encontrarse los restos, y a delimitar un área de cuatro metros alrededor, para después realizar la excavación.
Fuentes García relató que en Posquelite existía la versión de que dos guerrilleros habían sido abatidos por el Ejército el mismo día “o al siguiente” de la liberación de Rubén Figueroa, e inhumados clandestinamente en ese cerro, pero nadie daba razón del lugar donde se localizaban los restos porque aunque los lugareños habían participado en el entierro, los tres únicos testigos vivos se contradecían y señalaban sitios distintos. El paso del tiempo, y sobre todo la construcción de la carretera aledaña al sitio, dijo, les había hecho perder la ubicación.
En noviembre de 2013, prosiguió el comisionado, un campesino recordó que cuando era niño había un lugar entre dos árboles llamados clavellinas, donde siempre veía unas veladoras encendidas. Con ese dato, añadió Fuentes, pudieron ser ubicados los árboles y al indagar cerca, fueron localizados los restos de varias veladores. Ahí podría estar una tumba; la otra podría estar en una ladera más abajo, aún sin poder ser localizada.
El cronista de la ciudad de Atoyac, Víctor Cardona Galindo, estudioso del tema de la guerrilla, relató que el hallazgo de las veladoras ocurrió justo el 12 de marzo, cuando falleció Hilda Flores Solís, compañera de Lucio Cabañas. Sostuvo que hasta el momento se tiene la versión de que los dos guerrilleros de los que da cuenta la población que murieron en ese sitio, serían parte de la comitiva que acompañó a Rubén Figueroa Figueroa a la carretera, en La Pascua, para liberarlo, y que al ser atacados por el Ejército, huyeron hacia Posquelite, donde sin embargo había más militares. Cercados ya, murieron en el enfrentamiento.
Nada se sabe de la identidad
Sobre la identidad de estos hombres, nada se sabe, coincidieron Cardona Galindo y Fuentes García.
Aparte de los comisionados, dieron fe de los trabajos el primer y segundo comisario de Posquelite, Cristino Juárez Pérez y Ramón Donato Hernández; y acompañaron en los trabajos los integrantes de la Comisión de la Verdad, Arturo Gallegos Nájera y Martín Hernández, así como habitantes del poblado.
La excavación comenzó a las 12:50 del día y apenas pasada la hora apareció el primer vestigio: un hueso de la mano, a 25 centímetros de profundidad, y a las 4 en punto, los campesinos chocaron con sus palas contra un objeto hueco, que resultó ser un cráneo, a 35 centímetros de profundidad. El hallazgo se confirmó minutos después, cuando se limpió el área.
Mientras los antropólogos trabajaban en despejar el terreno para desenterrar el cráneo, Gallegos Nájera, ex guerrillero, empezó a cantar en voz baja la canción de Carlos Puebla Hasta siempre comandante.
Después vinieron más vestigios: una moneda de 50 centavos, restos de plástico, un trozo de tela azul, al parecer mezclilla, y más monedas, dos de un peso, una de las cuales permitió ver la fecha de su acuñación, en 1971.
Los trabajos se interrumpieron al caer la noche, el sábado, por falta de luz, pero continuaron por la mañana del domingo. Hasta el cierre de esta información iban alrededor de 30 vestigios, y sólo se había excavado cerca de un metro. Después aparecieron parte del coxis y un fémur.
Fuentes García explicó que los trabajos se realizaban con mucho cuidado pues los huesos podrían sufrir deterioro. Dijo que una vez exhumados estos restos, la Comisión de la Verdad –que por ley está facultada para hacer estas investigaciones- continuaría con la búsqueda del otro guerrillero.
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El tiroteo entre militares y miembros de la guerrilla duró cuatro, dice Nava Nava

Testigo narra cómo murió el guerrillero encontrado el sábado en Posquelite

Los soldados se negaron a que los muertos fueran enterrados en el panteón, indica a la Comverdad
ROBERTO RAMÍREZ BRAVO (Enviado)
Posquelite, 16 de junio.
Alejandrino Nava Nava tenía 33 años el 8 de septiembre de 1974. Esa fecha, recuerda, los soldados convivían con los pobladores durante una boda cuando, de repente, en las faldas del cerro Las Clavellinas, ubicado frente al pueblo, se oyeron los balazos.
Durante casi cuatro horas se mantuvo el tiroteo, los soldados se dispersaron hacia el lugar de la refriega y, al día siguiente, la gente pudo ver dos guerrilleros abatidos.
El campesino se presentó donde la Comisión de la Verdad realizó este fin de semana la exhumación del cadáver de uno de los dos cuerpos que quedaron en este lugar ese día.
En entrevista, relató que desde las 4 de la tarde hasta que cayó la noche el intercambio de balazos se mantuvo. Al otro día, los soldados llevaron al primer y segundo comisario, José Martínez y Gerónimo Chavelas, para que vieran los cuerpos a ver si los reconocían.
“Entonces vinimos varios, vimos éste (exhumado el fin de semana) y vimos el de allá abajo (cuya fosa aún no se localiza) los vimos bien. Ya (que) los vimos bien dijimos que los lleváramos al panteón, (pero) no quisieron. Dijeron: no, así que se entierren, para qué ayudarlos”, contó.
Narró que ante la negativa de los soldados para que los sepultaran en el panteón, tuvieron que hacer un agujero de no más de un metro de profundidad y ahí los sepultaron, uno en la ladera, y otro más abajo, entre unas rocas. “Nosotros hicimos la sepultura, nomás lo voltiamos y lo rodamos. Como un metro de excavación, quedó como encogido y como de lado, nada más como cayó”, dijo. Los militares no los dejaron cubrirlos ni con un petate, añadió.
Precisó que los dos hombres eran jóvenes, vestían ropa de mezclilla azul, y uno de ellos, el que murió entre las piedras, usaba barba.
También contó que los dos guerrilleros portaban rifles M-2 y un morral “con cartuchos”, mismos que les fueron mostrados por los militares, quienes se los llevaron.
Nava Nava contó que antes de ese hecho –el 8 de septiembre de 1974, día en que Rubén Figueroa Figueroa, secuestrado por la guerrilla, fue rescatado por el Ejército– Lucio Cabañas pasó por el pueblo y le habló a la gente, “pero nosotros dijimos que nos dejara trabajar”, por lo que acordaron con él que sólo lo ayudarían si necesitaba comida o algo, pero no se unirían a su guerrilla.
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