domingo, 26 de octubre de 2014

Texto sobre Guerrero en estos días aciagos

¿Qué sucede en Guerrero?*


Raúl Calvo Barrera


¿Qué sucede en Guerrero? ¿Por qué no están dadas las condiciones para desarrollar vidas dignas y plenas? ¿Qué ha pasado? ¿Es acaso una maldición novohispana, por ausencia de las  instituciones españolas más notables en los años de la Colonia en estas tierras del sur o por efecto de ellas? ¿O es resultado de un gen inmemorial violento per se en los guerrerenses, que en la sociedad actual, se activa constantemente ante infinitas ausencias de la modernidad?
No lo sé, pero de un asunto estoy plenamente convencido: hacen falta líderes reales, políticos profesionales y seres humanos con visión de Estado como el ex gobernador José Francisco Ruiz Massieu que den lucidez a la cosa pública. Más allá de una profunda reforma en el funcionamiento de las instituciones locales, hace falta un gobierno en toda la extensión de la palabra, un ente rector, que bajo un halo de tolerancia y respeto por la diversidad de opiniones en un contexto de pluralidad, pero con mano firme, dirija los destinos de este atormentado territorio, lleno de penurias materiales, pero también carente de ideas y proyectos de futuro. Hace falta también una oposición crítica y constructiva a la vez, que permita edificar un proyecto alternativo a lo que estamos padeciendo todos los días. Todo esto aderezado por una lamentable ausencia de una ética en el servicio público que, en mayor o menor medida,  obstruye el funcionamiento eficaz y eficiente en todos los órdenes de dirección de la vida política.
El gobierno de José Francisco Ruiz Massieu fue de ideas y de hechos, como bien rezaba su eslogan de campaña e institucional, y por ello, pudo transformar las instituciones, hacerlas funcionar y permitir que Guerrero tuviera un horizonte prometedor en la construcción de un estado de Derecho, en el terreno de la productividad y competitividad de los sectores de la economía local, en el florecimiento de la cultura, en el esfuerzo educativo y en otros rubros más. Pero el fugaz proyecto se vino abajo de inmediato. No hubo continuidad por falta de entendimiento, o porque ese proyecto afectaba intereses muy sólidos en los grupos de poder local.
A veinte años de su desaparición física, quiero compartir con ustedes una efímera radiografía de lo que sucede en Guerrero desde que el ex gobernador terminó su gestión.
Parece que la entidad camina hacia ningún lugar, perdida entre promesas fútiles cubiertas con un envoltorio de dádivas y una pegatina de una efigie con una sonrisa burlona de corte patrimonialista. Los datos oficiales y los obtenidos de asociaciones e instituciones de investigación de prestigio dan cuenta del desastre en que nos encontramos. Las cifras son conmovedoras por no decir irritantes ante la presencia en suelo suriano, de ciudadanos imaginarios, como diría Fernando Escalante para el México del siglo XIX, en uno de sus más hermosos libros.
De acuerdo con un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) denominado la caja negra del gasto, Guerrero finanzas públicas 2010; para 1991, a más de la mitad del periodo de Ruiz Massieu, la entidad contaba con casi 20 por ciento de recursos propios, lo que propiciaba cierta autonomía fiscal, pero diecisiete años después, el porcentaje de recursos propios dentro del presupuesto había bajado a 4 por ciento, a pesar de los esfuerzos recaudatorios del gobierno local de la alternancia. Qué sucede hoy (2014), ¿se ha revertido la tendencia nítida a la baja? Parece que no.
Otro botón de muestra: De acuerdo con el Anexo Estadístico del Primer Informe de Gobierno del actual presidente de la República, Guerrero, en 1994, tenía una cobertura de servicio de agua potable en toda la entidad (de atribución municipal de acuerdo con la Constitución) que superaba, en la Región Sur-Sureste del país, a estados como Chiapas, Oaxaca y Puebla y al  mismo nivel de cobertura que en Veracruz; dieciocho años después, en 2012, Guerrero ocupaba el último lugar en esa región económica y también el nada honroso último lugar en cobertura nacional.
Para 1996, el número de personas que integraban el segmento de la población ocupada y que obtenían, al menos, un salario mínimo, ascendía a 240 mil, para 2012 su número había alcanzado las 290 mil. Pero si en 1996 las personas que no percibían ingreso alguno rondaban las 299 mil, para 2012 ya había alcanzado la cifra de 421 mil. En otras entidades del país con similares características socioeconómicas, algunos estados han revertido la tendencia y, en otros casos, aunque ha aumentado la población en estos rubros, no ha sido tan abrupto como en Guerrero. A esto hay que agregar la pérdida real del poder adquisitivo de la moneda que ha caído en casi 2/3 partes de su valor durante un periodo de más de treinta años.
Pero los sectores de la economía guerrerense también han sufrido un estancamiento notorio a la par que un retroceso evidente. Para este último caso pongo como ejemplo la producción pesquera: en 1995 existió una producción de 24 mil toneladas; en 2012, apenas alcanzó las 9 mil. Guerrero cuenta con 522 km de litorales, el estado de Colima sólo 142 (casi cuatro veces menos), pero hace dos años, este estado del pacífico pudo obtener casi 32 mil toneladas.
Una de las joyas de la corona, nuestra actividad hotelera, no ha tenido una inversión fuerte en  veinte años. Para 1994 los cuartos disponibles en Acapulco ascendían a 17 mil, según el Primer Informe de Gobierno del actual presidente; dieciocho años después el número rondaba los 18 mil. Si bien la llegada de turistas nacionales se ha duplicado, los turistas extranjeros han dejado de venir al puerto y motor de la economía suriana en la magnitud que lo hacían en los años dorados: en 1994 arribaron casi un millón y medio; para 2012 únicamente lo habían visitado 139 mil.
La infraestructura vial es otro rubro pendiente, a manera de una foto que ha captado la inmutabilidad del tiempo. Como ejemplo, los kilómetros de carreteras de la red federal. Para 1994 se tenía un registro acumulado de construcción de  2,202 kms. de la troncal federal; para 2011 el número total de kilómetros construidos (sólo en ese rubro) ascendía a la maravillosa cifra de 2,203; esto es, un mísero kilómetro de avance en diecisiete años.
En materia social, el registro refleja una hecatombe. Desde que aparecieron los primeros datos del CONEVAL, Guerrero ha tenido una tendencia hacia el recrudecimiento de la pobreza patrimonial. Por otro lado, si bien el índice nacional de analfabetismo ha disminuido casi diez puntos porcentuales, al pasar de 24.2, en 1994; a 14.8, en 2012; lo cierto es que Guerrero se mantiene como el tercer estado con el índice más alto del país en estos casi veinte años. Si bien hay mejoría en la disponibilidad y accesibilidad del número de camas, que ha pasado de 0.4 camas por cada 1,000 habitantes en 1994, a 0.7 en 2013; lo cierto es que tenemos uno de los índices más bajos de oferta en esta parte básica y sensible de la infraestructura hospitalaria.
Pero en el terreno de la criminalidad y la violencia no hay parangón. De acuerdo con las cifras de incidencia delictiva 1997 – 2014 del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la entidad ha pasado de registrar 1,273 homicidios dolosos en 1997 para llegar, en 2013, a la escandalosa cifra de 2,087 (casi el doble), y pasar en ese mismo periodo, de 59 secuestros a 207, esto es, casi cuatro veces más; o de 983 robos de vehículos con violencia ocurridos en 1999 a 3,063, el año anterior.
En percepción de corrupción, el Índice Nacional de Transparencia Mexicana ha permitido constatar que Guerrero pasó de una tasa de 13.4, en 2001; a una de 16 puntos en 2010, con lo que la entidad ocupaba el segundo lugar nacional en materia de “mordidas” y prácticas poco claras en los múltiples trámites administrativos del servicio público.
De acuerdo con el Índice de Desarrollo Democrático elaborado por la Fundación Konrad Adenauer y la COPARMEX, Guerrero ocupaba en 2013, en la dimensión de goce de los derechos y libertades el vigésimo sexto lugar nacional; en materia de calidad de las instituciones y eficiencia política, el último lugar; en desarrollo social, la posición veinte y, finalmente, en desarrollo económico, el lugar 29.
Recientemente, la asociación civil México Evalúa estableció que Guerrero ocupa el segundo lugar nacional en infraestructura no óptima para fines educativos en las escuelas públicas, derivado de los datos del censo nacional.
Para 2012, de acuerdo con cifras del CONEVAL, Guerrero tuvo el segundo lugar en porcentaje de su población en situación de pobreza (69.7 %), sólo después de Chiapas (74.7 %).
La situación difícil se recrudece con otra cifra escalofriante: Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública (ENVIPE), de 2012 a 2013, es decir, en un año, la percepción de la ciudadanía guerrerense sobre la posibilidad de ser víctima de un delito y sentirse inseguro, aumentó un insólito 16.7 por ciento, al pasar del 74.4 al 86.9. Esto significa que la inmensa mayoría de la población que reside en territorio guerrerense considera que su vida, su integridad física o su patrimonio, corren un inminente peligro.
Pero la visión se nubla todavía más si hacemos un ejercicio de rastreo de las instituciones sociales con el aparato de justicia vigente. El estado de Guerrero de hoy se caracteriza por un aumento explosivo en el número de divorcios, en el ascenso constante de los delitos de violencia familiar y de género, en la transformación de un sistema judicial formal que cada vez resuelve menos asuntos en materia civil, pero casi se asfixia ante el crecimiento veloz de los asuntos familiares y de orden penal, con la agravante de que la clase política guerrerense hasta hace apenas muy pocos años comenzó a destinar un presupuesto mayor a las instancias de la justicia que a las actividades de elaboración de las piezas legislativas.
En temas de gobierno local y municipal relevantes como la capacitación permanente de sus servidores o la estabilidad de la burocracia (mandos medios y superiores) la situación no es mejor, pues Guerrero carece de una legislación y de un servicio profesional de carrera integral tanto en la administración pública local como en la municipal. ¿Dónde está el Instituto de Administración Pública-Guerrero que con tanto ahínco fundó el gobernador Ruiz Massieu?
En estas condiciones, me pregunto si es posible actualmente vivir o convivir como seres humanos y ciudadanos en este espacio geográfico de México. Tal parece que, parafraseando el título de uno de los libros del filólogo e historiador italiano contemporáneo, Luciano Canfora; en Guerrero, la actividad de vivir o sobrevivir, se ha vuelto una profesión muy peligrosa.



*Texto leído en la Mesa Redonda titulada: Visión de JFRM sobre Guerrero a veinte años, realizada el pasado 29 de septiembre en la Universidad Americana de Acapulco.

No hay comentarios: