viernes, 20 de febrero de 2015

Altamirano y su obra a través de la escritura de Juan Rulfo

Altamirano y su obra a través de la escritura de Juan Rulfo

Reyna Paz Avendaño |

Ignacio Manuel Altamirano fue la mayor figura literaria del siglo XIX, el autor que con sus ideas de anticolonialismo creó una identidad narrativa y quien escribió la primera novela moderna mexicana: El Zarco. Así describió Juan Rulfo al escritor nacido en Tixtla, Guerrero, y a quien leyó con gran interés. Estos comentarios de Rulfo se reúnen por primera vez en el libro Altamirano. Vida-Tiempo-Obra.
“Rulfo fue un gran lector de toda clase de literaturas y esto no excluye la nacional, en particular del XIX y XX. Quisimos rescatar este texto sobre Altamirano porque es importante el reconocimiento que hace de este autor”, señaló Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo y uno de los seis autores del libro publicado por Juan Pablos Editor.
La primera parte de dicho texto es un resumen biográfico de Altamirano (1834-1893), a quien Rulfo destacó como una persona activa en el periodismo, en la historiografía y como el autor de una novela que abrió el camino de la narrativa moderna en México: El Zarco.
En la segunda parte, Juan Rulfo, reconoce la lucha de Altamirano por una literatura de valores nacionales auténticos ya que consideraba que “su preocupación estética y anticolonialismo cultural fueron la base para que México creara una identidad propia”.
Y continúa: “No le bastó la ardua tarea de combatir el parnasianismo, el simbolismo, el naturalismo, ni tantos ismos importados de la impositiva cultura francesa, sino que aportó con sus propias obras un ejemplo para enfrentar la historia y el análisis literario”.
En opinión de Víctor Jiménez, uno de los grandes valores de Altamirano fue su visión anticolonial, idea que se reforzó gracias a la simpatía que sostuvo con el arqueólogo Désiré Charnay (el primero en fotografiar los vestigios prehispánicos de México) y por sus constantes viajes a Italia y Francia.
“Se formó una idea gracias a la visión extranjera sobre el pasado de México que chocó con la visión heredada por la Colonia. Las visiones extranjeras conocieron las construcciones mayas, mexicas y zapotecas y dijeron que la cultura previa a los españoles era real y que la cultura de la Colonia no tenía la misma importancia”, destacó el autor.
Esos pensamientos, comentó Víctor Jiménez, se publicaron, en su momento, en Europa pero Altamirano pudo leerlos (porque sabía francés, alemán e inglés), le permitieron entender que estaba cambiando la jerarquía de lo mexicano y asumió que lo valioso era el estudio del pasado.
MORELOS. Ignacio Altamirano también fue un defensor de los héroes de la Independencia, especialmente de José María Morelos y de Miguel Hidalgo. Esto se observa en tres textos que el autor del siglo XIX escribió en 1880 y que el libro Altamirano. Vida-Tiempo-Obra, recupera.
“Es importante ver la lucha de Altamirano por reivindicar ciertos héroes patrios, en primer lugar a Morelos y en segundo lugar a Hidalgo. Ambos asumen y valorizan lo mexicano en el proceso de lucha independentista, pero la magia de Morelos fue que tuvo poblaciones marginadas como los negros de la Costa, que se apropiaron de su proyecto revolucionario”, precisó Julio Moguel, coordinador del libro.
Dichos textos publicados en el periódico La República y en el Liceo Mexicano, son: Morelos en Zacula (1880), Morelos en el Veladero (1883) y Morelos en Tixtla (1886) y en todos, Altamirano define a Morelos como el héroe que hizo posible la construcción de la patria.
EL ZARCO. Uno de los cinco capítulos del libro está dedicado al análisis de la novela El Zarco, obra póstuma de Ignacio Altamirano. Al respecto, el autor Jorge Zepeda destacó que en esta novela, Altamirano critica el racismo y propone que los mexicanos olviden el pasado colonial para crear un concepto de nación.
“Recupera la época previa a la intervención francesa: la inseguridad, inestabilidad y el bandidaje. ¿Qué es lo que propone? Que el protagonista sea Nicolás, un indígena como el prototipo del ciudadano, el que necesita México para cohesionar a la sociedad, para lograr superar los vicios coloniales, olvidarnos de las castas y de integrar al indígena”, precisó.
Aunque la novela se llama El Zarco, destacó que Altamirano –como buen liberal– deja el peso en Nicolás para criticar desde la literatura, el racismo y a pesar de esa importancia, hoy es una novela demeritada.
“Hay un problema de raíz con la literatura del siglo XIX, se le subestima porque se piensa como superada. Pero leer a Altamirano y en particular El Zarco, nos puede dar una idea de por qué Rulfo lo considera una novela moderna: hay una idea de narrar sin ser morosos, sin detenerse excesivamente en detalles y de construir los personajes asociados con su entorno”, señaló.
Por último, Mario Casasús, autor del capítulo biográfico de Altamirano, comentó que el libro deja ver un escritor sensible y preocupado siempre por la construcción de nación, por lo que su aportación son historias familiares, ya que Altamirano es su tatarabuelo.

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